César Vallejo

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César Vallejo

César Vallejo (1892-1938), poeta peruano, considerado el más grande de su país, así como una figura capital de la poesía hispanoamericana del siglo XX —al lado de Pablo Neruda y Vicente Huidobro— y una de las voces más originales de la lengua española. Su complejo mundo poético se distingue por un profundo arraigo al ámbito familiar, las experiencias del dolor cotidiano y la muerte, la visión del mundo como un lugar penitencial sin certeza de salvación, la solidaridad con los pobres y desamparados del sistema capitalista, y la fe en la utopía revolucionaria prometida a los hombres por el marxismo. En diversas etapas de su obra se notan los influjos del modernismo, la vanguardia, el indigenismo, la poesía social y el impacto de acontecimientos históricos, como la Guerra Civil española.

Nació en Santiago de Chuco, en la zona andina norte del Perú, en el seno de una familia con raíces españolas e indígenas. Fue el más pequeño de once hijos y creció en un ambiente imbuido de devoción religiosa. Desde niño conoció la miseria, pero también el calor del hogar, lejos del cual sentía una incurable orfandad. Estudió en la Universidad de Trujillo, ciudad donde recibió el estímulo de 'la bohemia' local formada por periodistas, escritores y políticos rebeldes. Allí publicó sus primeros poemas antes de llegar a Lima a fines de 1917. En esta ciudad aparece su primer libro, Los heraldos negros (impreso en 1918, circula en 1919), uno de los más representativos ejemplos del posmodernismo, tras las huellas de Leopoldo Lugones y Julio Herrera y Reissig. En Lima conoce también a importantes figuras literarias de la época, como Manuel González Prada. En 1920, tras la muerte de su padre y la pérdida de su plaza de profesor, hace una visita a su pueblo natal, donde se ve envuelto en unos disturbios que lo llevarán a la cárcel por unos tres meses; esta experiencia tendrá una crítica y permanente influencia en su vida y obra, y se refleja de modo muy directo en varios poemas de su siguiente libro, Trilce (1922). Se considera esta obra como un momento fundamental en la renovación del lenguaje poético hispanoamericano, pues en ella vemos a Vallejo apartándose de los modelos tradicionales que hasta entonces había seguido, incorporando algunas novedades de la vanguardia y realizando una angustiosa y desconcertante inmersión en los abismos de la condición humana que nunca antes habían sido explorados.

Al año siguiente aceptó una invitación de su amigo Julio Gálvez y partió hacia París, donde permanecería (con algunos viajes a la Unión Soviética, España y otros países europeos) hasta el fin de sus días. Los años parisinos fueron de extrema pobreza y de intenso sufrimiento físico y moral. Hasta 1925 no consiguió un empleo estable en una agencia de prensa de reciente creación. Participa con amigos como Vicente Huidobro, Gerardo Diego, Juan Larrea y Juan Gris en actividades de sesgo vanguardista, pero pronto abjura de su propio Trilce y hacia 1927 aparece firmemente comprometido con el marxismo y su activismo intelectual y político. Escribe artículos para periódicos y revistas, piezas teatrales, relatos y ensayos de intención propagandística, como Rusia en 1931. Reflexiones al pie del Kremlin (1931). También editó en Francia la revista Favorables y colaboró en el Journal de París. En la capital francesa conoció a importantes figuras intelectuales y artísticas de la época, como Antonin Artaud, Pablo Picasso o Jean Cocteau. Inscrito en el Partido Comunista de España (1931) y nombrado corresponsal, sigue de cerca las acciones de la Guerra Civil. En 1931, estando en Madrid, escribió su única novela, El tungusteno. En 1937 participó en el Congreso de escritores Antifascistas y visitó brevemente el frente. De vuelta en París escribió una tragedia en quince escenas, La piedra cansada, así como las quince composiciones de España, aparta de mí ese cáliz, su poema más político, que apareció en 1939 impreso por soldados del ejército republicano. Toda la obra poética escrita en París, y que Vallejo publicó parcamente en diversas revistas, aparecería póstumamente en esa ciudad con el título Poemas humanos (1939). En esta producción es visible su esfuerzo por superar el vacío y el nihilismo de Trilce y por incorporar elementos históricos y de la realidad concreta (peruana, europea, universal) con los que pretende manifestar una apasionada fe en la lucha de los hombres por la justicia y la solidaridad social.