La Bisexualidad

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La Bisexualidad

 

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INTRODUCCIÓN

Bisexualidad, atracción sexual por ambos sexos.

Las personas bisexuales son capaces de tener fantasías y disfrutar tanto de las relaciones físicas heterosexuales como de las homosexuales, aunque algunos muestren mayor preferencia por uno de esos dos tipos de relaciones. La bisexualidad no debe confundirse con el travestismo, que consiste en vestirse y actuar como una persona del sexo opuesto, ni con la transexualidad, que consiste en la identificación con los caracteres sexuales del sexo opuesto. Sin embargo, eso no quiere decir que los transexuales o los travestis no sean bisexuales. En general, los bisexuales están satisfechos con el sexo con el que han nacido y no poseen, tal como podría creerse, órganos sexuales de ambos sexos, como se da en los hermafroditas (véase Hermafroditismo).

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ANTECEDENTES

La bisexualidad estaba admitida en la antigua Grecia y se aceptaba sobre todo en el caso de las relaciones entre jóvenes y entre hombres mayores, a menudo casados, como una forma de amistad o de relación iniciática y formativa. En la Iliada y la Odisea los héroes griegos mantienen relaciones sexuales con parejas de ambos sexos. Esta costumbre aún subsiste en algunas sociedades de la Polinesia.

Las investigaciones y las evidencias anecdóticas permiten suponer que la bisexualidad es mucho más habitual que la homosexualidad y que millones de personas en el mundo comparten este tipo de sexualidad. En la década de 1940, en un importante programa de investigación social, el biólogo estadounidense Alfred Charles Kinsey examinó patrones de conducta sexual y comprobó que un 37% de hombres en Estados Unidos había alcanzado un orgasmo con personas de su mismo sexo y que un 25% había tenido relaciones homosexuales esporádicas (en el caso de las mujeres, un 13%). Sin embargo, puesto que sólo entre un 5 y un 10% de los consultados se consideraban homosexuales, es evidente que la relación carnal con alguien del mismo sexo no es algo insólito ni exclusivo de los homosexuales. Kinsey concluyó que existen algunas personas que carecen de preferencia sobre el sexo de su pareja y otras cuya identidad sexual aún no se ha fijado o abarca ambas tendencias.

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TEORÍAS SOBRE LA BISEXUALIDAD

Se ha dicho que la orientación sexual entre los seres humanos puede darse como un continuum. Esta teoría existe desde que se comenzó a investigar la sexualidad en el siglo XIX. Sigmund Freud consideró la capacidad de los niños para obtener placer en diversas zonas del cuerpo como una parte de la vida sexual. Según Freud, los bebés y los niños son ‘perversos polimorfos’ que pueden extraer placer sexual casi de cualquier cosa. Carl Jung relacionó la bisexualidad con la presencia del sexo opuesto en el inconsciente del individuo y postuló que existen en ambos sexos unos ‘potenciales’ denominados anima (lo femenino en el hombre) y animus (lo masculino en la mujer).

A pesar de la generalizada inclinación de hombres y mujeres a reproducirse, no existe evidencia de que los seres humanos posean un instinto innato que les lleve a una conducta sexual específica, es decir, que se sientan atraídos únicamente por personas de un sexo a lo largo de toda la vida. En el caso contrario, la relación con el progenitor del mismo sexo sería difícil, al igual que la intimidad con hermanos o amigos del mismo sexo. Es frecuente que en la adolescencia se desarrolle una fuerte atracción (‘enamoramiento’) por amistades del mismo sexo, lo cual es parte de la maduración sexual normal. Según el psicoanálisis, la bisexualidad es un proceso normal dentro de la experiencia de la infancia. Su persistencia en la edad adulta puede deberse a que no ha habido una diferenciación de ese estado anterior o a que se ha desarrollado más de un potencial.

Los problemas de los bisexuales se deben a la existencia de tabúes en la mayor parte de las sociedades, que dificultan las elecciones sexuales múltiples o variadas. Ello puede inducir a las personas bisexuales a verse forzadas a tomar partido exclusivamente por la heterosexualidad o la homosexualidad, lo cual puede causarles angustia emocional tanto a ellos como a sus parejas. Asimismo, pueden desarrollar sentimientos de culpa ante la diferencia entre lo que son en realidad y lo que creen que la sociedad espera que sean.